Alimentación emocional

+ + + Un menú para los buenos días

Cuando tus emociones eligen tu comida

¿Recuerdas ese mal día en el que te levantaste tarde, estaba lloviendo, había mucho tráfico y morías de ganas por comer un chocolate?

Cuando somos niños iniciamos esta extra relación con la comida, quizás un día caíste de la bicicleta, tu mama corrió, te cargo, consoló tus lágrimas y dijo: ¿Quieres un helado? Ese momento fue decisivo para la creación de lazos entre emociones y comida. El acto de comer tiene una estrecha relación con diferentes estados de ánimo, sensaciones o experiencias. Puesto que comemos ciertos alimentos cuando estamos tristes, estresados o ansiosos, la alimentación emocional puede aportar más energía que la que tu cuerpo realmente necesita, es decir comenzamos a subir de peso.

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El problema de no controlar lo que comemos, es cuando se presentan alteraciones en la conducta alimenticia, por ejemplo, comer con culpa. Nos sentimos mal por cualquier situación, y buscamos comida para sentirnos mejor. En un inicio funciona, pero después de un rato la culpa regresa por haber comido descontroladamente y comúnmente, a la siguiente comida nos limitamos en exceso para tratar de contrarrestar el efecto. Pero estas acciones afectan muchísimo nuestro metabolismo y el funcionamiento correcto de nuestro cuerpo.

La comida no es mala, nuestro cuerpo tampoco, necesitamos saber escuchar a nuestro organismo e identificar este tipo de conductas. Para iniciar debes saber si de verdad tienes hambre y hace cuánto tiempo fue tu última comida. Si no es hambre y tu última comida fue hace menos de tres horas, es momento de indagar en tu interior emocional.

Para distraerte puedes salir a pasear con tu mascota, leer, escuchar música, meditar o platicar con un amigo. También es bueno tener en casa un ambiente seguro, es decir, que en tu alacena no haya alimentos con grasas saturadas y demasiados azúcares, así evitarás perder ante la tentación. Las golosinas nos conducen a un círculo vicioso, estás triste, comes una dona, después dos, y de repente, subiste un kilo más. Tu emoción al instante es tristeza y ansiedad, y eso te lleva a otra dona. La idea es romper el ciclo, comer de todo cada día, proteínas, grasas vegetales, verduras y también algún postre, pero uno que no cause culpa.