El diagnóstico es importante cada vez que acudes a algún profesionista de la salud, ya sea física o mental. Éste te indica el procedimiento a seguir, es como tratar de conocer el terreno donde pisas para trazar caminos de salida.

El diagnóstico para la psicoterapia es mucho más que una etiqueta, es conocer a fondo el padecimiento de la persona que nos consulta y su entorno. Es conocer una historia para así poder reescribirla, vista con otros lentes.

Ningún diagnóstico hace a la persona, la “enfermedad” no eres tú, es algo que padeces, pero que no te determina, no te distingue, no te caracteriza, no rige tu vida, ni tu sentir ni tu actuar.

Nuestro mundo está lleno de etiquetas, ya que una etiqueta es una apreciación identificadora de algo en cuanto a forma, tamaño, etc.; o a alguien en cuanto a su carácter, ideología, profesión… Así, las etiquetas están presentes en todos los ámbitos de nuestra vida: educación, trabajo, familia. Claro, esto también aplica cuando conocemos a alguien que acude al psicólogo, independientemente de las dificultades que presente, lo catalogamos, sin pensar que esa persona puede estar mejor, en muchas facetas que nosotros, ya que para empezar se da cuenta que necesita una opinión externa de un profesionista. Ir al psicólogo o al psiquiatra ya tiene consigo una carga importante para la persona, especialmente de cara a nuestro círculo social.

El diagnóstico que, en la mayoría de los casos, se acaba convirtiendo en una etiqueta con la que la persona se siente identificada. Frecuentemente acuden a nuestra consulta personas que se identifican como “soy depresivo”, “soy bipolar” “es hiperactivo” y justifican sus acciones en función de su diagnóstico o etiqueta. Dejan de ser Pedro, Paty, María…, se presentan directamente como “Soy depresivo”. Resulta muy relevante cómo a menudo la persona llega a integrarlo como autoconcepto de su propio ser.

Las etiquetas diagnósticas están para poder comunicarnos entre profesionales, sirviendo también para comprender a la persona y su sentir o actuar y ayude como una guía estandarizada a seguir, no estricta ni literalmente, porque no hay una persona igual a otra, como tampoco se dan los mismos síntomas en personas diagnosticadas de un mismo trastorno. Hay que conocer a la persona adentrándonos en la subjetividad del individuo, ya que esto depende de la percepción y de las experiencias vividas de cada uno de nosotros, profundizando en su parte más afectiva de sentimientos, dando sentido a su historia en particular y cómo esta está relacionada con el síntoma.

Es importante recordar que un diagnóstico no te define, tú eres mucho más que eso.

Cambia el “soy depresivo” a “me siento o estoy depresivo”, todo depende de los lentes con lo que lo mires.

Dra. Genoveva Flores Blavier.

Psicoterapeuta. Terapia de familia y de pareja.

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