En la literatura también hay fiesta.

Vanessa Cortés Colis

A veces se asocia la fiesta como plena diversión, desmedida, sin un atisbo de intelectualidad o de ejercicio mental. Pero en la literatura también el festín tiene su sentido y quizá con aproximaciones que a veces no nos detenemos a pensar, por eso, incluyo aquí unas recomendaciones literarias para que puedan disfrutar en el verano, pero también que puedan dejar unos momentos de reflexión que sanan el espíritu y el alma, y con eso, también se divierte uno, intelectualmente y con sorpresas.

Paris era una fiesta (1964) de Ernest Hemingway. Una autobiografía del escritor norteamericano, con sus experiencias en la ciudad luz, a la que muchos aspiran asistir y disfrutar, pero que seguramente no es igual si el contexto se instala después de la primera guerra mundial. Hemingway invita a la historia a escritores que lo influyeron como el caso de Stein, Fitzgerald o Ezra Pound. Importante resaltar que al estar en una obra de ficción, los escritores pasan a convertirse en personajes, pero al mismo tiempo es un reconocimiento que se le da a la influencia de los mismos por parte de Hemingway y sus vida por París, donde no importa la pobreza o problemas, sino la felicidad que viene en el momento del resurgimiento.

La fiesta del Chivo (2000) por Mario Vargas Llosa. ¡Vaya fiesta! Pero la que llevó a cabo con toda perversión el dictador de República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo. Actos atroces, violentos, desmesurados que colocaron como un horror el gobierno por más de 30 años. El autor de la novela hace una exhaustiva investigación para realizar una gran obra de corte histórico que merece la pena leer. Sé que no es el tipo de fiesta que esperan, pero es que para otros sí lo es. En lo personal, es un libro que tardé en terminar, porque lo leía y lo cerraba por no imaginar las escenas descritas con tanta sensibilidad, que en ocasiones no soportaba con el horror de lo que los dominicanos habían vivido. Es la fiesta del terror de la dictadura.

La fiesta de la insignificancia (2014) del temido Milan Kundera, escritor checo. Aquí viene a resaltar lo importante que tiene el detalle, aquello que parece insignificante, pero que gratifica está en la escala del simple humano, sin necesidad de exageraciones intelectuales. Es el disfrute de lo posible, sin cansancio, sin exageraciones. Lo que está ahí y debe tomarse para probar y disfrutarse. No es lo mediocre, sino lo sencillo y lúcido.