MARCO ANTONIO OJEDA: TAXISTA

«Por más de una docena de años, este ciudadano activo ha llevado a cabo este oficio con inusual gusto y diligencia.

De inicio pensó que las leyes eran su vocación y fue por eso que cursó hasta el cuarto año de la Licenciatura en Derecho. Sin embargo, poco a poco se dio cuenta que sus creencias morales y expectativas de justicia y legalidad eran muy diferentes a las que aquella carrera inculcaba y hacía ejercer una vez concretada la preparación para la misma.

Habiendo dejado atrás ese erróneo llamado vocacional recibió la oportunidad de ser agente en una empresa de seguridad, lugar en donde se desempeñó como tal durante algún tiempo hasta que un sobrino lo invitó a colaborar con él operando el taxi que trabajaba. No se imaginaba Marco que en aquello radicaba su vocación ni que tal oficio le traería tanta satisfacción. Encontró que en ella no solo se trata de ser chofer, sino de ser conocedor de la vida para que sea posible entablar cualquier tipo de conversación con sus pasajeros o contar toda clase de historias y/o anécdotas. Explica él que más allá de transportar a las personas y entretenerlas con conversaciones transitorias, el taxista debe aprender a muchas veces calmar los ánimos de éstas; comprender sus intereses y no dejar que las actitudes negativas de algunos le afecten para el trato que da en el siguiente viaje. Ha aprendido a identificar las personalidades de las personas en poco tiempo y esto le ayuda a encontrar de inmediato el tono con el que debe socializar con ellas para hacer placentero su viaje.

En su tiempo libre lleva a cabo placeres que le sirven como medio para complementar su vocación de manera. Estos placeres son leer el periódico y enterarse de las noticias así como navegar en Internet para leer de todo y así estar siempre informado para que nunca le falte de qué hablar durante su servicio.

A partir de ciertas experiencias, como en aquella donde una pequeña de cinco años lo regañó por pasarse un alto, Marco ha aprendido que es posible aprender algo de todas las personas, por lo además de entablar un monólogo para entretener a sus viajeros, gusta de escucharlos tanto para cultivarse a sí mismo de las vivencias y experiencias de ellos, como para permitir el desahogo y la expresión personal de la gente. Una particular experiencia fue aquella donde a una mujer se le rompió la fuente rumbo al hospital; ella, apenada, no quería moverse de su asiento por estar mojada y haber mojado el asiento, sin embargo él, lejos de molestarse, la cubrió y encaminó al interior del hospital, donde las enfermeras pensaron que era él el padre y le indicaron que esperara.

Marco es recordado por s voz más que por su rostro debido a que siempre que maneja se concentra en su trabajo y mira primordialmente al frente. Él es uno más de los muchos ciudadanos activos que sin lugar a duda mueven a nuestra sociedad.

EDDIE ANAYA: PARAMÉDICO

«La primer batalla entre la vida y la muerte no se libra en el hospital, se libra en el lugar del siniestro; ahí los guerreros defensores del pulso cardíaco, son ellos, los paramédicos.

Un suceso inesperado hace unos quince años fue el que sirvió de epifanía para que Eddie encontrara su verdadera vocación, muy a pesar de que por motivos ineludibles de la vida, tenga por título el de diseñador. Tendría acaso unos quince años cuando Eddie llevó a cabo ese primer acto heroico en donde también encontraría su llamado. Sucedió que un pequeño niño juguetón cayó víctima de su propia inquietud al golpearse la cabeza tras caer de una lancha en la conocida lagunilla artificial del parque de Morales.

Para entonces, Eddie ya había comenzado su primer curso de primeros auxilios en función de que en ese entonces quería ser médico. Cuando el infante fue extraído de las aguas de aquel pequeño coto urbano, estaba inconsciente; Eddie no perdió tiempo en asistirlo para pronto descubrir con gran alarma que el pequeño infortunado tenía un paro cardiorrespiratorio.

El joven Anaya se dispuso pues a darle las maniobras de Reanimación Cardiopulmonar (RCP) y comenzó así a luchar por la vida del niño. Dramática fue la escena que se suscitó después de quince minutos cuando el pequeño finalmente reaccionó expulsando toda el agua que había acumulado en los pulmones, dejando escuchar un llanto que en ese momento fue un llanto de vida por demás reconfortante para sus familiares.

Habiendo sucedido aquello sin que Eddie terminara aún su primer curso sobre asistencia de la vida humana, éste se dio cuenta de que su vehemencia vocacional radicaba en los servicios médicos de urgencias. Se dio cuenta, a esa temprana edad, que un paramédico, si bien procura lo mismo que un médico –la vida de una persona-, lleva a cabo la parte más difícil al tener que lidiar con los escenarios en donde las trampas del azar y el descuido son cómplices de la muerte o la discapacidad.

Así que Eddie comprendió que lo suyo era salvar vidas con trabajo de campo, que lo que le llenaba era ensuciarse las manos defendiendo la vida y que muy pocas otras cosas podían darle las satisfacciones que esto le traía. Con el tiempo este ejemplar ciudadano activo fue entendiendo que la mejor manera de preservar la vida humana ante lo fortuito, es la prevención. De ahí que hoy en día es capacitador externo de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y se dedica analizar riesgos, así como actos y situaciones inseguras.

Antes de eso, Eddie fue instructor de la AMPH, Cruz Roja en materia de arrastres y levantamientos y tiene la firme convicción de que lo más recomendable es evitar accidentes que desembocan en tragedias, que las personas pueden prever sinestros mediante capacitación y consciencia, que la vida no tiene precio y que pagar con ella algo que se puede evitar con cuestiones de lo más simples, es algo absurdo. Este es el quehacer cotidiano de un individuo potosino más, que con sus acciones constituye parte de la esencia civil que hace de nuestra sociedad una funcional, habitable y armónica.

MARTIZA MARTINEZ MARTINEZ: ARTESANA OAXAQUEÑA

«Desde la región Triqui de Oaxaca, Maritza nos demuestra con sus bellas creaciones, que el talento de esa zona va más allá del baloncesto.

Si bien es ella de nacimiento Oaxaqueña, el cuarto de siglo durante el cual ha dejado su trabajo en nuestra ciudad la convierte, por lo menos en esencia, en potosina. Durante veinticinco años esta artesana de mirada enigmática, casi triste, adornada por un peculiar lunar cercano a su boca, ha trabajado en tierras nopaleras el hilo espiga, el hilo de lana de algodón y el estambre con los que teje gorros, pulseras y bufandas.

Ella es además una ama de casa que lleva once años con su esposo César y con quien conforma la familia Ramírez Sánchez en la que reinan las mujeres, pues juntos tienen cinco hijas: Yuridia, Perla, Mayté, Lupita y Lizette. Algunas de ellas asisten al jardín de niños mientras que otras a la primaria.

Vestida con su Huipil Oaxaqueño, tan tradicional de muchas féminas indígenas mexicanas a lo largo de nuestra historia, Maritza nos platica lo mucho que pesa la enagua que lleva puesta debajo. Narra ella que los mejores días para la venta son los fines de semana y que trabaja sin descanso de lunes a domingo de 10 de la mañana a 8 de la noche para sacar adelante a su familia mediante la venta de sus artesanías de tejido.

Maritza es además autodidacta, cuando no sabe hacer algún tejido o prenda a base del mismo, se enseña por sí misma. Al respecto platica que en una ocasión, a parir del encargo de unos gorros que no sabía elaborar, se dio a la tarea de aprender y finalmente logró entregar el trabajo.

También sabe ella adaptarse a las demandas del mercado según cambian las temporadas; en tiempo de frío ella y los artesanos Triqui –así son conocidos tejen prendas para el frío como gorros, mientras que en temporadas calurosas fabrican pulseras, diademas y cualquier otra indumentaria que le venga a su imaginación y creatividad.

Ella y su gente enseñan a sus hijas el oficio y lo pasan de generación en generación. Para cuando sus hijas tienen ocho años ya saben bastantes de los secretos del tejido y manufactura de gran cantidad de cosas.

Mientras que los hombres Triqui no utilizan mucho el traje típico al ser éste hecho de manta y proteger poco del frío, las mujeres como Maritza están acostumbradas a usar el atuendo tradicional, y lo portan con orgullo, a manera de estandarte que las luce como mujeres dedicadas al trabajo y a la tradición que mediante la destreza, la creatividad y la paciencia que fluye a través de sus manos, aportan al folklor de esta ciudad, convirtiéndose así en verdaderas ciudadanas activas.

DOÑA MALENA: CARRITO DE FRESCURA

«Doña Malena tiene un carrito en la calle, vende fruta, fruta mexicana. Pareciera que en épocas de las compras en el super, los mercados propiamente están destinados a desaparecer, más aún los puestos callejeros o carritos que ofrecen sus productos en las esquinas de las calles concurridas, pero no hay nada más alejado de la realidad.

María Magdalena Estrada, mejor conocida como Doña Malena vende fruta en la calle, no en el mercado, sino en una de esas esquinas de nuestras concurridas calles, justo frente a la Iglesia de San Francisco. Desde hace dos años, sale temprano de su casa, compra fruta a granel y jala su carrito por las calles del centro de San Luis para ubicarse donde sus clientes ya saben que está.

Doña Malena comienza a vender a las 10 de la mañana, sus clientes asiduos son personas que trabajan en las zonas aledañas a donde ella se encuentra, oficinistas, empleados de tiendas, y hasta los muchos estudiantes que pasan todos los días por ahí.

A pesar de que su trabajo es duro y cansado –lo más difícil y que requiere más esfuerzo es pues, jalar su carrito y cargar las cajas de fruta-, Doña Malena dice que disfruta su trabajo porque le gusta vender. Le gusta ver pasar a la gente y sentirse luego atraída por los colores de las frutas que ofrece, para luego acercarse y preguntar precios, negociar la compra-venta y escoger sus productos.

Doña Malena no trabaja sola, la ayuda alguno de sus tres hijos, quienes son su razón de ser, y claro, la razón principal por la que ella realiza ésta labor prácticamente todos los días, exceptuando los domingos que son días de descansar y pasarla en familia. Y en su oficio, le ha pasado de todo, como una vez que un extranjero se acercó a comprar. La vendedora y el comprador no se entendían para nada hasta que una chica se acercó a hacer de traductora. Doña Malena recuerda con risas, “Yo no le entendía nada, ni conseñas. Fue muy chistoso”.

DOÑA JUANITA: TACOS

« Juana Paredes Torres es mejor conocida como Doña Juanita, la de los tacos, y todos sabemos dónde y cuáles tacos.

Fin de semana o no, hay colas de autos y de personas en la esquina de Mariano Ávila y Arista, aquí en el Jardín de Tequis, en nuestra capital potosina; las colas son para poder degustar unos ricos tacos rojos, los tacos de Doña Juanita. Juana Paredes Torres, o Doña Juanita, tiene 83 años de edad, y 48 años vendiendo tacos rojos, ahí donde está ahora y donde comenzó, en Tequis. Después de casi medio siglo, no cabe duda que los tacos rojos, también conocidos como tacos Camila, son ya de culto para los potosinos.

Esta potosina respetada y conocida por todos comenzó vendiendo gorditas hace 53 años. Más tarde, incorporó los tacos rojos, y le dio al clavo. Doña Juanita se dedica al sabor y a complacer a sus clientes con este antojito, no se preocupa por cuánta gente la visita al día o de dónde, aunque nos cuenta que el lugar más lejano que le han mencionado es la Ciudad de México.

Trabajadora como es, nunca ha solicitado un apoyo estatal y nunca ha dejado de trabajar. Ella sola se impulsó a trabajar desde un inicio y ha sacado adelante a los 9 hijos que tiene con vida -3 hijos han fallecido, al igual que su esposo hace 35 años-. Aunque, hace 6 años, recibió del entonces gobernador Marcelo de los Santos un reconocimiento por su labor y trayectoria.

Después de una cirugía de la vista, tras la cual le fue prohibido cocinar, Doña Juanita ha delegado actividades a su familia. Sin embargo, se mantiene al pie del cañón supervisando su negocio, y claro, la calidad y sabor de los tacos. Este mes, será operada nuevamente de la vista. ¡Mucha suerte y esperamos verla recuperada muy pronto!

CARLOS RAMÍREZ RODRÍGUEZ: VOCEADOR

« Don Carlos ejecuta su oficio con habilidad y simpatía, nos pone al alcance noticias y novedades impresas.

La manera en que accedemos a la información definitivamente ha cambiado. Sin embargo, aunque la tecnología pone en nuestras manos infinidad de fuentes de información, para muchos, la mejor es el periódico, y quien mejor que un voceador para traernos un diario local o nacional.

Carlos Ramírez Rodríguez es voceador desde hace 27 años. En sus años de experiencia ha experimentado y observado los cambios en patrones de lectura y acceso a la información. Nos cuenta que sus principales clientes son adultos, personas mayores y empresarios que buscan periódicos con noticias relevantes a nivel local.

Comenzó en su oficio hace casi tres décadas a las afueras del Teatro Alameda, donde estuvo cuatro años hasta que se trasladó al corazón de la ciudad. En su trabajo siempre lo ha acompañado su esposa, ya que según don Carlos es un trabajo sin descanso, lo realiza los 365 días del año de 7 de la mañana a 10 de la noche.

Gracias a su perseverancia, ha sacado adelante a sus 3 hijos, ya mayores de edad, como en el pasado lo hizo también su padre Carmelo Ramírez, quien empezó con la tradición del oficio en la familia. Hoy en día, Carlos Ramírez vende más de 700 títulos en su kiosco y es un apasionado de la lectura. Le gusta leer sobre historia, así que lee todas las publicaciones que le llegan sobre el tema, y gratis.

BERTHA GÓMEZ ALFARO: PIÑATAS

«Una tradición muy mexicana adaptada a las necesidades de hoy.

Doña Bertha dice que comenzó en este giro porque es lo que más se vende, y que aprendió solita a elaborar esta artesanía y diversión mexicana, observando y poniendo en práctica lo que había aprendido.

Sus piñatas son muy coloridas y vistosas. Aunque la moda de las piñatas se ha ido modificando con personajes de caricaturas o películas, las piñatas que elabora esta ciudadana activa son las tradicionales, que también han sufrido modificaciones, por ejemplo, ya no se hacen con la anterior olla de barro que les daba forma .Ella nos dice que la razón por la que no se hacen con olla de barro es el precio elevado que implicaría, pero sobre todo, que al romper la piñata de barro, provocaba muchos accidentes de cortaduras sobre todo entre los más pequeños.

La señora de 69 años de edad, tiene 6 hijos y 10 nietos. Con su esposo ya fallecido, comenzó su negocio en el mercado vendiendo frutas y verduras. Sin embargo, el giro cambió debido a los clientes, quienes pedían y preguntaban por las piñatas.

La mejor época para Doña Bertha y sus piñatas, es por supuesto, diciembre; no obstante, comienza a trabajar desde finales de octubre, porque cuando llega la temporada llegan compradores que piden 5, 8, 10 piñatas. Desde lejos se aprecian las piñatas de este puesto, por su gran colorido y tamaño ¡Perfectas para toda posada! .

JUAN HERNÁNDEZ LÓPEZ: ALUMINERO

«Juan Hernández López o “El negro” como es conocido, nació en San Luis Potosí el 26 de octubre de 1971 y es Operario Aluminero desde hace 23 años.

Es el mayor de tres hermanos, casado y tiene 3 hijas, Juan no solo se hace cargo de su familia, también apoya económicamente a su mamá quien ya es viuda. El comenzó a trabajar en la industria del aluminio cristal por invitación de un amigo.

Se levanta temprano, ya que lleva a su hija a la escuela y comienza a trabajar a las 8 de la mañana, su día comienza asistiendo a la obra a medir la cancelería que se va a colocar, regresa a la empresa a cortar el material para poder armar las ventanas que posteriormente colocaran en la obra. Cada obra varía, a veces les tocan algunas con pocas piezas de cancelería y a veces otras con cierto grado de dificultad.

Considera que lo más difícil de su trabajo son las líneas nuevas porque son perfiles diferentes con armados más herméticos y vistosos. Otra de las cosas que considera más difíciles es cuando tienen que poner cancelería en áreas de alto riesgo como fachadas de edificios que son de cristal y tienen que estar en andamios colgantes.

Recuerda que un día lo mandaron a él y su equipo a desmontar una cancelería de vidrio, pero desmontaron una cancelería que no era, así que tuvieron que trabajar toda la noche para reubicarla y quitar la correcta. Pero de los errores se aprende y ahora él tiene ya mucha experiencia, por lo que sus compañeros a veces le piden consejos u opiniones.

Con sus compañeros de trabajo lleva una buena relación, le gusta su clima laboral ya que se considera amigable y respetado.

Una de las grandes satisfacciones que le ha dado su trabajo es el crecimiento personal y que cubre todas sus necesidades económicas. Además de que le gusta mucho lo que hace. Gracias a su esfuerzo y dedicación ha logrado ascender a gerente.

Siente que sus sueños se han cumplido, hasta ahora ha logrado sus metas de tener auto y casa propios, sin embargo le gustaría llevar a su familia de viaje al extranjero, un sueño que espera pronto poder cumplir. Algunos de los materiales que manejan son: cristales recocidos y templados, policarbonatos, acrílicos en varios colores y herrajes de acero inoxidable.

JOSÉ GREGORIO MINONDO: CUIDADOR DE MASCOTAS

«Nació en la ciudad de México el 23 de julio de 1958, se vino con su familia a vivir a SL en 1986 después del temblor en México

Pepe, así lo llaman, trabaja en la Clínica Veterinaria Mr. Can desde hace 25 años con el MVZ Mauricio de la Torre Navarro.

Su trabajo consiste en: Bañar, dar de comer, pasear a los animales, limpiar jaulas y estar al pendiente de los animales. Sus pasiones son los perros y los coches de carreras Pepe tiene una memoria impresionante, y recuerda que estando en la veterinaria llegó un piloto de coches que tenía que hacer su curriculum. Sabiéndo que Pepe tiene una excelente memoria y una gran pasión por las carreras de autos le pidió ayuda para terminar su cv ya que Pepe se acordaba de las carreras que había corrido y los lugares en los que terminó.

Otra anécdota que recuerda es que al estar cuidando un perro, se lo acercó tanto a la cara que el perro alcanzó a morderlo, aprovechando que Mauricio, dueño de la veterinaria estaba ahí, le cosió la herida. Pepe camina todos los días de ida y vuelta al trabajo para hacer ejercicio.

ARTURO MECHTLI: LUTIER

«Arturo nació en la Ciudad de México el 21 de noviembre de 1959

Llegó a San Luis Potosí el 3 de abril de 1977, a la edad de 17 años, debido al cambio de residencia de su papá. Está casado y tiene una hija que estudia música y saxofón. Comenzó a ser lutier, o constructor-reparador de instrumentos, mientras era estudiante de música folklórica latinoamericana, en la Ciudad de México, ahí aprendió a construir instrumentos folklóricos andinos y mexicanos, como flautas y tambores.

Posteriormente, empezó a tocar el saxofón a los 30 años, esto lo llevó a intentar desarmar el instrumento para conocerlo, así fue como lo desajustó, razón por la cual tuvo que enviarlo a un taller especializado para que lo ajustaran de nuevo; sin embargo, no estuvo satisfecho con el resultado, motivo por el cual decidió aprender a hacerlo por su cuenta.

Arturo se dedica a tocar el saxofón profesionalmente al mismo tiempo que trabaja en la lutería. Su rutina inicia en el taller para reparar los saxofones, actividad que alterna con las clases que imparte para aprender a tocar este instrumento.

Dentro de las dificultades que implica su oficio, está enfrentarse a cada saxofón, pues, aunque sea el mismo problema, cada uno tiene una resolución diferente y él tiene que tener paciencia para trabajar con instrumentos de alta precisión.

Arturo llega a realizar trabajos tan exhaustivos que en una ocasión tuvo que desarmar por completo un saxofón, revisarlo pieza por pieza, para poder encontrar el problema. Logró resolverlo y, a manera de anécdota, lo considera su “doctorado” como lutier.

Disfruta mucho la satisfacción que le da trabajar con este instrumento y conocerlo en su totalidad, ya que mucho tiempo anheló tocarlo.