Pensemos un momento ¿Qué tan justo soy?, ¿Soy honesto?.

La respuesta nos lleva a pensamientos ambigüos, a un “la mayor parte de las veces” o a “casi siempre”.

Considerando que la justicia es un principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le pertenece o corresponde, como derecho, con razón y equidad.

Cuántas veces te ha tocado ser “juez” de algunos eventos en tu vida personal, familiar, social, laboral, en donde tienes que ser equitativo, razonable, pero sobre todo justo al emitir tu dictamen o tu punto de vista. Pero en otras ocasiones tienes que depositar esa decisión en manos de una persona que se especialice en ello, y ¿qué buscas en esa persona? yo diría que además de ser capaz, lo que le sigue es Honestidad.

Una persona honesta se reconoce porque al hablarte te mira a los ojos, es siempre sincero, en su comportamiento, palabras y afectos; cumple con sus compromisos y obligaciones tal y como lo acordó, sin trampas, ni retrasos voluntarios, evita hablar mal de las otras personas; guarda la confidencialidad, toma las cosas con seriedad y discreción; cuida de los bienes económicos y materiales.

Una persona honesta no engaña, no trata de obtener beneficios personales a partir de la necesidad de otro, reconoce sus límites, es congruente con lo que dice y lo que piensa.

Para ser honesto con los demás, primero debemos ser honestos con nosotros mismos. La honestidad, igual que todos los valores, es algo que se cultiva, una vez que lo adoptas, es para siempre.

Para favorecer la honestidad tratemos de serle fiel a nuestras promesas y compromisos, por insignificantes que parezcan; de ser cuidadoso con el manejo del dinero, de hacer cuentas claras, de pagar las deudas en su momento.

Aléjate de la pereza y cumple con tus compromisos, así no tendras la oportunidad de dar pretextos o mentir para disfrazar tu falta de responsabilidad.

Habla siempre con la verdad. No exageres ni inventes cosas sobre ti o sobre los demás.

No cuentes aspectos negativos de la personalidad de los demás, aunque no te pidan guardar el secreto, podrías caer en la difamación o en la calumnia. Evita criticar las normas de la escuela, el trabajo, etc. con personas ajenas. Trátalo con la autoridad correspondiente.

Acepta tus faltas y errores, así como las consecuencias de éstos; reconoce y rectifica.

Demuestra respeto y fidelidad a tu pareja.

La persona honesta es garantía, por sí misma de fidelidad, discreción, trabajo profesional, sabes que le puedes confiar el manejo y el uso de los bienes materiales. La honestidad es el camino para tener un comportamiento serio, justo, correcto, desinteresado, perfeccionando asi nuestra personalidad.

Cuando se está entre personas honestas la confianza colectiva se transforma en fuerza de gran valor. Ser honesto requiere coraje para decir siempre la verdad y actuar en forma recta y clara.

Y sí… hay mucha gente honesta, solo hay que aprender a ver y practicar la honestidad con nosotros mismos.

Genoveva Flores Blavier.

Psicoterapeuta. Terapia de familia y de pareja.

Contacto 4448173256.

psic.floresblavier@gmail.com