Es curioso como algunos vamos a terapias buscando controlar tanta emocionalidad y por otro lado, los no emocionales también van, buscando aprender a expresar sus emociones.

Si en lugar de juzgar tanto lo que sentimos (o no), nos ocupáramos en entender más sobre nosotros mismos a través de eso que sentimos, seguro la historia personal y colectiva sería otra. Pero vivimos tan acostumbrados a calificarnos con base en las emociones, que terminamos relacionándonos mal con ellas: las bloqueamos, las contenemos, las fingimos o las liberamos de formas inadecuadas.

Y es que trabajar con las emociones no es tarea fácil. Lo digo con absoluto conocimiento de causa. Algunas nos cuestan mucho porque no logramos ponerles un nombre exacto, o porque nos asusta reconocer que las estamos sintiendo. Pero considerando lo mucho que he invertido en el tema, quisiera compartirte lo siguiente.

Las emociones más que ser buenas o malas, son vitales y liberadoras, por lo tanto, hay que aprender a detectarlas y darnos el derecho de sentirlas y de expresarlas. Sólo así aprenderemos a manejarlas adecuadamente, sin debilitarnos, sin enfermarnos o explotar. Además, existe un pequeño-gran detalle que puede ayudar mucho cuando hablamos de ésto.

No eres tu emoción. No puedes serlo, porque ¿cuál de todas serías? Las emociones van, vienen, se contradicen. Somos lo que permanece antes, durante y después de ellas. Somos la jarra y no el líquido. Somos el jardín y no la flor. Podrá florecer miedo, culpa, euforia, compasión, pero en algún momento, la flor se marchitará y otra nacerá.

Si reconoces que no eres tu emoción, facilitas la tarea de dejarla fluir y entonces no habrá dolor, coraje, tristeza, que no sea superada. Existe la capacidad de reconocer que todo pasa y eso nos permite aceptar el estado actual, con tranquilidad y humildad.

El riesgo aparece cuando nos apegamos tanto a la emoción que creemos que somos eso que sentimos. Le enfocas tanta energía que no hay nada más fuera de ella: no existe nada más que tu pérdida o nada más que tu satisfacción. Quedas atrapado en la emoción y trastorna tu mente y por lo tanto, tu comportamiento y tu vida.

Así que en los momentos en que tu emoción se sienta tan intensa que parece que mueres (de dolor, de amor o de coraje) sólo recuerda 2 cosas. Que eres más que tu emoción y que todas las emociones son pasajeras. Con esto presente serás valiente frente a cualquiera que emerja e incluso podrás ser amoroso, porque lograrás ver al ser maravilloso e infinito que es y que existe detrás de ella.