En comparación con años pasados, pareciera que hoy en mi vida hay menos de muchas cosas: menos fiestas, viajes, tiempo libre… pero hay más conciencia y eso lo transforma todo porque hoy he aprendido a disfrutar lo que hay y lo que es, sabiendo que lo que hay está bien y que todo es perfecto. Y entonces resulta que cada persona, acción o experiencia, tiene profundo sentido y significado así tal cual se está presentando.

Hoy disfruto de la gente, de toda, no sólo de la que piensa o se ve como yo. Así que ya no aparto mi silla en los cursos, porque ya no es importante defender un lugar y estar al lado de alguien especial. Ahora veo que cada historia es especial y me encanta que el Universo decida al lado de quién me tocará sentarme, para comprobar cómo la Ley de la Atracción no se equivoca.

Disfruto reír a carcajadas, así que procuro no perderme de una buena reunión. Pero si por alguna razón no logro asistir, agradezco el momento en soledad para encontrarme y conversar conmigo misma.

Disfruto cantar y bailar, y aunque prefiero hacerlo en el antro o en la boda del amigo de mi novio, resulta que cantar en la regadera y bailar mientras cocino, han traído gran alegría a mi vida.

Y aunque no disfruto tanto madrugar, aprovecho las ventajas de hacerlo. He descubierto que el ruido del mundo exterior irremediablemente llegará: las luces, los coches, las prisas, pero si te le adelantas, no te sacude igual. Definitivamente el amanecer es un espectáculo que hay que contemplar: el sol nace y el cielo le regala una combinación de colores increíbles, los pájaros lo honran cantándole alegres melodías y la tierra le ofrece su delicioso aroma fresco. Nos rodea por un instante, la magia de una nueva oportunidad.

Mentiría si dijera que disfruto mis miedos, pero definitivamente ya no les doy la vuelta. Cuando me descubro con pensamientos de temor, les agradezco que busquen protegerme de algo. Los veo como una oportunidad de que se eleve la fuerza del amor por encima de ellos y me expanda a través de esa amorosa conquista. No pretendo removerlos todos de una sola vez, pero seguro, sin prisa y sin demora, pretendo reconocerlos, enfrentarlos y vencerlos uno a uno, con compasiva determinación y perseverancia.

He ido aprendiendo a aceptar con más humildad que las situaciones que vivo son las que necesito vivir, así que, en cuanto al enojo, dolor y tristeza, ni los contengo, ni los evado, ni los retengo más de la cuenta. Confío en el amor del Creador, en mi capacidad de sanar y en mi derecho a ser feliz.

Disfruto del concepto de belleza que ha ido surgiendo. La belleza tosca, la sutil, la rara, la estrafalaria, la fina y entiendo que la belleza más hermosa es la que brota de adentro, así que ahora cuando me miro al espejo, antes que notar mis arrugas, mis ojeras o mis granitos, reconozco la luz en mis ojos y me saludo con profundo amor.

Si, hoy hay menos fiestas, pero son de aquellos con quienes anhelo compartir la vida; menos viajes pero mejor planeados y más valorados, menos tiempo libre pero mejor administrado, menos sueños pero más precisos y hoy sé que pueden convertirse en realidad. En conclusión, estoy menos dormida, hoy vivo más despierta.