Decir gracias y sentirlo intensamente, es reconocer humilde y abiertamente que alguien nos ha tocado el alma.

Nadie nos obliga a experimentar agradecimiento, es una opción hecha por nuestro libre albedrío. Por eso, es un acto poderoso, porque el alma está totalmente activa: feliz y llena del deseo de reconocer al causante de nuestra alegría. Estamos ante dos corazones desprendidos de egoísmo, entregando y recibiendo, practicando la confianza, honrándose entre sí. Este intercambio crea un mar de bendiciones, un círculo virtuoso, un espiral de energía positiva, como le quieras nombrar, pero sucede la magia que ilumina caras y corazones.

Ahora, pensemos en las personas que viven con actitud de gratitud siempre. Son los que en su camino van sembrando esperanza, limpiando y perfumando los espacios, sanando seres, construyendo un mundo mejor. Definitivamente, es la gente más espiritual, pues aunque todos podemos mostrar nuestro agradecimiento ante una experiencia favorable, se requiere de gran fortaleza interior para ser agradecido en las experiencias dolorosas. Y aunque al final todos podamos reconocer las cosas buenas que resultan de las circunstancias adversas, ¡qué difícil es experimentar gratitud durante esos momentos!. Se requiere gran valor para confiar plenamente en la voluntad del Creador y abrirse a recibir las experiencias que requiere el alma, a pesar de que no sean las que teníamos previstas.

Precisamente por eso, hay que practicar el agradecimiento, volverlo un hábito. Y cuando “Gracias” sea la sensación automática ante un nuevo amanecer o al término del día, estaremos recorriendo la senda del amor y de la prosperidad. Significa que nuestra actitud se va transformando de la carencia a la abundancia, que vamos entendiendo que la felicidad no implica que las cosas deban ir conforme a nuestros planes, significa sobre todo, que estamos aprendiendo a confiar en el Dador, a postrar nuestra inteligencia finita ante su inteligencia infinita y ese acto no le pasará desapercibido.

Hoy entiendo que no importa cuantas dificultades o planes fallidos, siempre hay muchos más motivos para agradecer que para lamentarnos y no significa que no existan tristezas o preocupaciones que sacudan terriblemente el alma, significa que debemos comprender que ni el dolor ni la tristeza deben distraernos de vivir. Así que siéntete agradecido por la totalidad de las experiencias vividas, los momentos de gozo y de tristeza, los estados de paz y de inquietud, las certezas y las dudas, los triunfos y fracasos, por el amor y el miedo. Por lo que existe, lo que aún no llega y lo que nunca llegará. Cada experiencia, agradécela así como se manifiesta, no le pongas calificación. Porque cada experiencia tiene su sentido y propósito. Toda esta integración nos hace quienes somos y el Ser que eres y que soy, es lo que más hay que agradecer.