¿SOLUCIONES O CULPAS?

En la actualidad podemos afirmar que muchos de los problemas que se presentan, tienen como base y se mantienen a partir de determinadas dinámicas y vivencias familiares. Los hijos reclaman persistentemente atención de los padres, el que se enferma frecuentemente, el oposicionista, el que se deprime, el que se aísla, entre otras cosas, puede ser el reflejo de un malestar emocional o desatención afectiva que no encuentra cauce por vías más normalizadas.

La salud mental está condicionada en gran parte a la cantidad y calidad de las relaciones afectivas que como padres hemos construido con nuestros hijos desde la infancia más temprana.

Hemos dejado que la violencia entre a nuestras familias, que el peligro se vuelva atractivo, es decir, lo que ven o en el cine, series, películas, pero principalmente, en los videojuegos. Estos, determinan como deben de actuar, vestir, decir; matan, acribillan, violentan, brota sangre… y es normal, juegan solos o en línea, a veces sin conocer quienes están del otro lado y el más bueno es el más malo.

No normalicemos la violencia ni la agresión. Promovamos la empatía hacia el sentir de los demás. No podemos aislarlos de las pantallas, pero si podemos estar más cerca de ellos, enterarnos de lo que hacen, sienten, piensan. Observar y observar, es así como aprendemos más de los hijos. Observar es interesarnos en ellos y que sepan que ahí estaremos cada vez nos necesiten, cada vez que sus ojos crucen miradas con los nuestros, y entenderemos que es lo que requieren.

Ofrezcamos alternativas diferentes, llévalos al campo, enséñales a disfrutar de la naturaleza, a contemplar, a sentirse parte de lo que los rodea, que hagan deportes, convive con sus amigos, participa activamente en sus intereses, fomenta las reuniones familiares, dales opciones diferentes en donde ellos puedan canalizar su frustración y agresión, no siempre solos, no siempre en las pantallas. Sácalos de su rutina, permite y favorece que vean la vida de una manera diferente, de una manera donde siempre hay una salida, una luz en el camino.

Disfruta y valora sus esfuerzos, sus logros. Estate atento a las señales que te puedan indicar que algo no está bien, no las dejes pasar, pensando que es algo temporal.

No necesitamos más violencia, ya que el convivir continuamente con la violencia apaga los sensores de la empatía y los desensibiliza. Debemos prevenir los riesgos.

Todos como padres queremos lo mejor para nuestros hijos y lo mejor no viene solo, demanda de ti, de la seguridad que le transmites a tus hijos de que siempre estarás para ellos, cariñosamente presente.

Date tiempo, siempre hay tiempo. Establezcamos relaciones afectivas y efectivas. Cuando te encuentres en problemas, busca soluciones, no culpables. Ofréceles unos nuevos lentes para ver la vida, libre de violencia, que los videojuegos sean un pasatiempo, no una forma de vivir, tú decides.