CAMBIO DE PLANES

Cuando nuestros planes no resultan y pensamos que todo se está derrumbando, quizá lo que sucede en realidad, es que todo se está acomodando.

Podría contarte las trágicas historias de mis expectativas incumplidas, pero estoy segura que tienes suficiente con las tuyas.

Un buen consejo para sacudirnos las emociones destructivas que surgen de estas experiencias, es aprender a diferenciar el dolor del sufrimiento. Mientras que el dolor es un sentimiento legítimo y necesario para seguir aprendiendo, el sufrimiento es una elección; incluso a veces, una actitud ante la vida.

La verdad es que sufrir es más fácil que actuar. Es más sencillo aferrarse a los viejos planes que darnos a la complicada tarea de generar nuevos. Lo nuevo no es nada fácil porque representa estar en un camino desconocido, transitado y con varias posibles salidas.

Si ahondamos en esas veces que la frustración y tristeza nos han robado días o años de vida, podemos distinguir que hay una parte dolorosa totalmente válida que proviene del miedo de estar ante situaciones no contempladas. Y existe otra parte, que generalmente nos cala más, que surge del ego aferrado a la idea de como debían haber sido las cosas.

Se torna literalmente, una pelea entre tu mente, que insiste en salvar el camino que cree que debes recorrer y el Universo que te quiere hacer fluir por el sendero que tienes que recorrer. Temo decirte que no vale la pena pelear esa batalla.

No hablo de predestinación, hablo de que en la vida se trata también de tomar desviaciones y recorrer rutas que no aparecen en el mapa.

También he ido entendiendo que la palabra fracaso simplemente significa que el plan que no resultó como esperaba. No hay necesidad de poner tanta carga emocional a la mentada palabrita.

Sólo cuando logramos creer que la felicidad es nuestro derecho (independientemente del plan original) permitiremos que todo lo bueno suceda. Pero esta actitud requiere de mucho valor, de un gran salto de fe y buena dosis de amor propio.

Si recorres tu historia, verás que los cambios de planes trajeron bellas bendiciones a tu vida, así que quizá frente a la desilusión, la desesperación y el miedo que siento ante el derrumbe de los planes, sólo hay que darse la oportunidad de escuchar la voz Dios que dice: ¡Confía! ¡Tengo un mejor plan para ti!