Nació el 5 de mayo de 1913 en la ciudad de San Luis Potosí­, S.L.P.  y falleció el 4 de mayo de 2013. A través de los años Chita, como todos la conocí­an, se ganó la simpatí­a y la confianza del público, quien no solo reconoció su labor si no que la vieron con admiración y un ejemplo de lo que pueden la tenacidad y esfuerzo de una mujer. Chita Rodrí­guez fundó el Restaurante La Virreina en el año 1959 en la Avenida Carranza #830, que fuera entonces una zona residencial.  Miguel Armijo, fundador de la Lonja, le propuso  que vendiera tamales o antojitos para que las familias de aquella época llevaran a sus hijos a cenar, pero ella no se conformaba con eso,  querí­a algo más, querí­a competir con la comida que se serví­a en La Lonja. Así­ que con el apoyo de su papá, Juan Garcí­a  y de Edgardo Meade juntó 80,000 pesos de antes y se dedicó a aprender todo sobre Restaurantes. Le recomendaron hablar con José Inés Loredo, quien fue mesero de un hotel que estaba en lo que hoy es Plaza Fundadores, fue él quien inventó la carne a la Tampiqueña con enchiladas potosinas, después se convertirí­a en alcalde de Tampico.  José Inés puso a Chita en contacto con un refugiado español que llegó en los tiempos del general Lázaro Cárdenas y él le dio mucha información, incluso le dijo donde debí­a de comprar los manteles para su nuevo restaurante. Su libro de cabecera se lo regaló Pedro Diez Gutiérrez , estaba escrito en francés, con este libro aprendió los primeros secretos de cocina, su segundo libro se lo regaló el estadounidense y cocinero  Alejandro Filipini del restaurante Le Monique de Nueva York, se llama "The Table" y fue escrito en 1895, de ambos libros aprendió mucho y pronto estaba cocinando. Así­ empezó La Virreina, un restaurante en el que se crearon platillos como los "Ostiones a la Diabla" y "Huachinango Roquefort", que llegaron a venderse en restaurantes de prestigio en Nueva York.  Su restaurante llegó a tener tal fama que numerosas personalidades lo visitaron, presidentes, gobernadores, polí­ticos, artistas y muchí­simas familias potosinas. En sus comedores han estado  Emilio Azcárraga Vidaurreta empresario y cofundador de Televisa, un embajador de España en México que le prometió le enviarí­a un regalo y lo cumplió cuando Chita recibió una cajita de azafrán y  Guadalupe Loaeza, escritora mexicana. David Laird Watt del "Chicago Tribune" dijo en una de sus crónicas: "Una viuda sin experiencia previa de restaurantes realizó lo imposible: establecer en una elegante vieja mansión de familia, uno de los restaurantes más excelentes de México, en donde se sirve la más fina cocina internacional". Y efectivamente, Chita Rodrí­guez sin más bagaje que su recia voluntad y deseo de llegar a ofrecer al público un restaurante de primera calidad, se lanzó a luchar para conseguirlo. A lo largo de los años Chita recibió numerosas cartas , algunas de felicitación entre las que cabe destacar la de Don D. Sanborns el promotor más importante de México en E.U. quien en su travelog mencionó el Restaurante como "un lugar que es imprescindible visitar cuando se viaja a México"  y la de Federico Sescosse, abogado e historiador calificado como uno de los más destacados "connoisseurs" de la Republica en materia culinaria; y otras como la de la afamada revista Gourmet solicitando las recetas de las famosas "Gambas al ajillo", de los "Ostiones a la diabla", del "Filete Roquefort" y de las inigualables natillas que  "han tenido el privilegio de comer en La Virreina"  , lugar que se compara y sobrepasa en muchas ocasiones a restaurantes de San Francisco, New Orleans, New York y Parí­s. Chita,  acumuló una gran cantidad de éxitos y muestras de reconocimiento, en el 2009 Sanborns de Estados Unidos la invitó para integrar " La Virreina" a su cadena como socia. Le otorgaron diplomas de altas escuelas de gastronomí­a en Italia y Francia. Esto la llenaba de orgullo pues de joven decí­a ella "no sabí­a ni hacer sopa de arroz, pero mi gusto por la cocina surgió de la necesidad de trascender". Cuando regresó de Canadá ya sabí­a taquigrafí­a en inglés y francés, fue cocinera, planchadora, nana, recamarera y mozo. Cuando le sugirieron la idea de La Virreina se asustó pero siguió adelante y emprendió la mejor aventura de su vida. "No hay mejor satisfacción que el deber cumplido" -Chita Rodrí­guez