José Miguel Torre López, cardiólogo destacado, impulsor de la enseñanza, historiador y creador de instituciones, nació en la ciudad de San Luis Potosí­, S.L.P., el 29 de septiembre de 1919.  Hijo de Alfonso Torre Alonso, quien llegó de Asturias, España, y de Ana López Andrés, originaria de San Luis Potosí­. Fue el mayor de 13 hermanos. El 10 de junio de 1950 se casó con Lydia Medina Mora en la Cd. de México. Tuvieron siete hijos: Lydia, José Miguel (+), Fernando, Pilar, Alejandro, Marí­a y José Antonio.  Además tuvieron 10 nietos y 4 bisnietos. En su afán de ayudar al prójimo y de aliviar el dolor de quienes sufren, decidió estudiar medicina. Los dos primeros años los cursó en la UASLP; el resto de la carrera lo hizo en la UNAM, motivo por el cual se trasladó a vivir a la Cd. de México. Se graduó en 1943. Allí­ conoció al Dr. Ignacio Chávez. El Maestro Chávez, como él lo llamaba, fue su guí­a y modelo, con quien creó una entrañable amistad. Tras un breve tiempo en San Luis Potosí­, se regresó a la Cd. de México a hacer la especialidad en cardiologí­a, a instancias del Dr. Chávez. Perteneció a la primera generación de cardiólogos formados en México; egresó en 1946. En 1948 continuó su preparación en cardiologí­a en el Massachussets General Hospital, en Boston, USA. Ejerció la medicina por más de cincuenta años. Era muy apreciado y respetado por su alumnos. Durante treinta y tres años tuvo la cátedra de cardiologí­a en la Escuela de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí­. Fue Director de esa Escuela de 1959 a 1967. Fue fundador de la Sociedad Potosina de Estudios Médicos y de la Sociedad Potosina de Cardiologí­a, de las cuales fue también Presidente. Fue Coordinador de la Biblioteca Biomédica de la UASLP y Presidente de la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina. Perteneció a varias sociedades cientí­ficas: Sociedad Mexicana de Cardiologí­a, Sociedad Interamericana de Cardiologí­a, Sociedad Potosina de Estudios Médicos, Sociedad Potosina de Cardiologí­a, Sociedad de Internos y Becarios del Instituto Nacional de Cardiologí­a, Asociación Latinoamericana de Academias Nacionales de Medicina y American College of Physicians, entre otras. En el ámbito de la medicina, los premios más importantes que recibió fueron: Premio en Ciencias "Francisco Estrada" del Gobierno de San Luis Potosí­ (1952), Premio Anual de la Academia Nacional de Medicina (1961), Premio "Salvador Aceves" al Maestro Distinguido otorgado por la Sociedad Mexicana de Cardiologí­a (1989) y Premio Nacional de Historia y Filosofí­a de la Medicina Mexicana otorgado por la Sociedad Mexicana de Historia y Filosofí­a de la Medicina (1989). Así­ mismo, fue acreedor de múltiples distinciones durante su larga carrera: Miembro Honorario de la Sociedad Mexicana de Cardiologí­a, Profesor Emérito de la Escuela de Medicina de la UASLP, Miembro Honorario de la Academia Chilena de Medicina, Socio Fundador de la Sociedad Potosina de Estudios Médicos, Miembro Honorario del Consejo Mexicano de Cardiologí­a, Presidente Honorario vitalicio de la Sociedad Potosina de Cardiologí­a, Socio Honorario de la Academia Nacional de Medicina y Miembro  Honorario Emérito de la Sociedad Mexicana de Cardiologí­a, por mencionar algunos. Como reconocimiento a su trayectoria médica, la Sociedad Potosina de Estudios Médicos estableció en 1995 la conferencia anual: "Conferencia Magistral Dr. José Miguel Torre". Fue un hombre recto, trabajador y formal "“demasiado formal"“, elegante; casi siempre vestido de traje y corbata. Mesurado y refinado; fiel a la palabra dada y al compromiso libremente adquirido. Buen amigo de sus amigos. Disfrutaba de la buena comida. Preparaba con especial esmero tres platillos: fondue, ensalada césar y plátanos flameados. Fue un intelectual; ordenado, metódico, perseverante; de amplios intereses culturales. Tení­a una rica y variada biblioteca; allí­ pasaba largas horas. Entre sus ocupaciones habituales estaban el leer (siempre varios libros), escribir algún artí­culo, preparar un discurso, corregir pruebas de imprenta"¦ Se interesó, sobre todo, por la medicina (en su consultorio tení­a una alta pila de revistas especializadas) y por la historia de la medicina, en especial la de San Luis Potosí­. Su libro preferido era El Quijote de la Mancha. Contagió a sus hijos y nietos de su pasión por la lectura. Disfrutaba escuchar música clásica y española; así­ como las canciones de Agustí­n Lara y Pedro Vargas. Le gustaba sobremanera la labor editorial. Escribió varios libros y artí­culos para diversas revistas, especialmente en el campo de la medicina. Fue fundador, director y co-editor del Boletí­n Informativo de la Escuela de Medicina de SLP, del Boletí­n Informativo de la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina y de la Revista Anales de la Sociedad Potosina de Estudios Médicos. Su vida cristiana estuvo marcada por la formación que recibió de su madre y del Padre Ricardo B. Anaya, quien tuvo gran influjo en su formación humanista e intelectual. Tuvo hacia él un recuerdo lleno de admiración, respeto y gratitud. Murió en San Luis Potosí­ a los 84 años, el 3 de agosto de 2004. Hoy, a casi doce años de su partida, sigue presente en nuestros corazones.